De camino a la Divinidad con el Taekwondo

"Tao y Su Creación son, en sustancia, Uno. Ambos son sagrados. Y el paso que existe entre éstos es la puerta a todo lo verdaderamente milagroso".

No hay nada más revelador en el Tao Te King que esta frase que cito arriba. La comunidad de iniciados en los misterios taoístas sabe que la superación de las limitaciones humanas ha permitido que en el curso de los siglos se haya podido conocer numerosos iluminados en las tierras del lejano oriente en razón a los estudios y reflexiones que el Tao plantea.

La odisea humana más increíble es lograr hacer contacto con el espíritu propio y lograr a través de él el paso hacia el Gran Absoluto, del que habla el Taoísmo. Dice el Tao que quien no ha superado sus humanas pasiones no podrá contemplar el Tao más que en su manifestación.

Esas son indicaciones muy precisas que son difíciles de entender para quien no tiene la llave de estas enigmáticas palabras. Pero es posible comprender que el camino del monje coreano budista o taoísta es la más profunda y silenciosa meditación para que por medio de ella se manifieste la Divinidad. Esa es la clave, o la llave.

El monje trabaja por permitir que ella avance e ilumine los espacios interiores del ser humano para que prevalezca la luz inmanente y eterna del Tao. Cuando ella se posesiona del monje, el ser humano común desaparece. El Tao lo hará cuando lo desee.

De hecho, es el Gran Absoluto quien impulsa al ser humano a buscar la espiritualidad de innumerables maneras haciéndolo atravesar el mundo y que paradójicamente, la pueda encontrar en su corazón. Así es, no están en ningún otro lugar sino en el propio interior.

En el Taekwondo es evidente que todo indica la descripción de la manifestación. La bandera de la República de Corea es muy reveladora, como hemos dicho en otro capítulo, si nos tomamos la tarea de comprenderla: en ella el Gran Absoluto es el fondo blanco y sobre ese fondo todo lo que existe enunciando lo que el Tao revela: el Tao inmanifestado y el Tao manifestado son uno solo, dos aspectos de lo mismo.

En la bandera coreana se muestran los elementos que luego se manifestaron como la dualidad que eternamente juega y produce miles de otras combinaciones posibles en el universo visible. Su observación detenida nos conduce a contemplar el UNO, el inmanifestado Absoluto de donde todo procede. Las causas de todas cosas se simplifican si se medita en ellas.

Esto es lo que contempla el monje, y el monje es el taekwondoga, quien trabaja en la esperanza de poder dominar su naturaleza inferior, la que también es parte del Tao manifestado, para poder regresar al seno de la existencia primordial eterna y no manifestada.

El practicante de Taekwondo, así no lo sepa y muchos no lo han comprendido, debería caminar una senda de desarrollo espiritual que lleva mucho más allá de este plano espacio - tiempo hacia la eternidad, hacia la Divinidad que en China y Corea se conocen como el Gran Absoluto o el Tao inmanifestado. Ese es el fin último de la práctica y del sendero místico al que es invitado todo taekwondoga.

El paso entre el Tao manifestado y el no manifestado eterno es la vida del taekwondoga porque lo primero será dominar su materia al tiempo que empieza un proceso de dominio de sus emociones y de su mente. Quien logra esto puede pensar en meditar, y quien medita, puede pretender en entrar en contacto con el Tao que se esconde en su corazón y en todas las cosas.

Los únicos demonios que existen son las formas oscuras que se esconden en el interior de cada persona y que ha llevado a a la humanidad a hablar de seres del abismo e inventar infiernos y otras aterradoras situaciones. No hay peor demonio que las propias bajas pasiones y las emociones fuera de control, por ello, el primer paso es observar todo esto y trabajar sobre sí mismo para avanzar en la armonía interior.

La observación del Tao manifestado lleva a muchas cosas, en especial, a entender que detrás de todo hay experiencias mucho más profundas y verdades que resuenan en este Universo, pero que son originadas en el seno del Creador de todas las cosas. El manejo de lo exterior en el Taekwondo debe luego llevar a la verdadera contemplación de la naturaleza y entender que ella tiene sus prioridades y sus principios fundamentales alrededor de lo cual ocurre todo, intervengamos o no en ello. El proceso de la iluminación es simplemente que lo oscuro retrocede y lo que está oculto aparece para ser analizado, comprendido y si es del caso, eliminado. Ese es el puente entre lo inmanifestado y lo manifestado, lugar en el cual le ocurren todos los milagros al monje taewondoga.