Mente egoísta vs. mente libre: el camino de la luz

El Tao indica, sin señalar directamente, que la naturaleza en su contexto ES y no puede ser explicada de ninguna forma porque ningún concepto es capaz de lograr la esencia de la realidad aparente y menos aún, de la realidad detrás de lo manifestado. 

La mente mecánica está compuesta por miles y miles de conceptos que se superponen unos a otros creando verdaderos laberintos que aprisionan el poder sutil del discurrir de la naturaleza en el ser humano. Para los taoístas el ser humano es tan natural como cualquier otra criatura y susceptible también de ser conducida por su Creador, lo cual sucede sin que la mente inferior lo pueda comprender.

Los monjes taoístas y budistas siempre han buscado esa conexión perdida con la esencia de la vida humana, aquella que se mueve por sí misma sin que haya un alguien que la guíe o la pueda manipular. La naturaleza construye, destruye y vuelve a construir en un ciclo eterno sin que haya juicios de valor, apreciaciones, medidas, tablas clasificatorias e individualidad... El Espíritu Universal, por llamarlo de alguna manera (los chinos y coreanos le dicen el Tao y/o el Gran Absoluto) es impersonal y neutral en sus acciones, pero mantiene todo en movimiento a pesar de que exista un aparente estancamiento en algún momento. Todo cambia, todo evoluciona, todo se construye en este mismo instante y todo se destruye, para seguir a un nuevo ciclo.

Lo hecho por el hombre occidental para tratar de comprender todas las cosas aún está lejísimos de definir la fuerza que fue capaz de crear y sostener el concierto del Universo visible y de aquello que subsiste en el silencio y en lo invisible. Los Maestros sonríen ante todo este drama que no es real pues el Universo mismo es un pensamiento y un suspiro del Gran Absoluto en la eternidad.

La mente egoísta

La mente egoísta es una creación aleatoria al ser el ser humano parte de la permanente distracción en que vive, y cumple la misión de proteger los tesoros del espíritu, los cuales no están disponibles para quienes no están preparados para hallarlos. Aún muchos de quienes los han visto pueden desesperar por poseerlos, pero la naturaleza los puede negar y los niega las más de las veces.



La mente egoísta se constituye de elementos de la cotidianidad y reúne de ellos lo que le es más grato. Pero es importante entender que tiene una misión especial y es constreñir la evolución del ser humano incluso planteándole serias dificultades. Pero también, sostener la ilusión de realidad que tanto defiende la humanidad. Sin ello, no sería posible esa apariencia de realidad para todo lo que hacen las personas para lograr pasar de un punto x a uno y haciendo toda clase de sacrificios. AL final, es el Gran Absoluto quien maneja cada cosa, solamente que las personas asumen que hacen algo...

Cuando la ilusión se desvanece llega la mente libre

La mente egoica tiende a destruirse a sí misma de tanto que se lacera y presiona... Pero no es un proceso mecánico que se pueda medir o predecir porque es el Espíritu o el Gran Absoluto el que permite que ese cascarón se rompa y que del interior más desconocido del ser humano surja la chispa Divina.

Los seres humanos nos aferramos a nuestros dolores y pasa que ellos van con nosotros hasta el último momento en este mundo. Ocurre porque la mente egoísta es casi indestructible incluso para quienes la entienden, pero es claro que no basta con entenderla sino con detener el curso de la generación de dolor y sufrimiento.


La forma de hacerlo, es esperar a que el Gran Absoluto nos ayude en ese trance... Y si es de su voluntad, vendrá un período de reflexión muy detenida, no hablemos de profunda, que nos puede ayudar a desarrollar una meditación permanente. En esa meditación, la mente egoíca tratará de seguir siempre en sus esquemas y patrañas, pero la observación puede tener la virtud de detener los procesos de tortura mental y emocional al que somete a su víctima.

La mente libre empieza a surgir poco a poco.

La mente ideal, libre totalmente, es aquella en el que el fluir del pensamiento egoíco se ha detenido definitivamente y ha desaparecido por la gracia del Gran Absoluto, no por el esfuerzo humano. Es el Buda, el Tao en su más alta expresión quien sublima el alma humana y la diviniza absorbiendo para siempre en el Espíritu toda la experiencia residual que queda de haber vivido en este plano espacio  -tiempo. Es el iluminado que ya no ES un alguien sino la manifestación del TODO en un ser que ha abandonado la tristeza y el drama para siempre, a eso le llaman iluminado.