Taekwondo: el dominio de sí mismo como puerta a la espiritualidad

Por M. P. G.

En el Taekwondo todos los Maestros coreanos y no coreanos siempre nos han indicado que debemos sustentar una disciplina férrea, el valor de afrontar nuestros temores, el desarrollo de la firmeza y al tiempo, de la flexibilidad.

De ello, partimos para decir que el dominio sobre los propios impulsos y pensamientos son una herramienta de enorme importancia, no sólo en la práctica del Taekwondo, sino de la vida en todos los escenarios del artista marcial. El dominio en espacios como la mente, las emociones y la forma física, son el escenario natural del taekwondoga. La vida y nuestro arte marcial siempre producen presión y tensión, lo cual siempre ha existido y a lo cual llamamos hoy en día estrés. Pero es obligación de los Maestros trabajar con este tema  y hacerle ver a todos los practicantes que ser una persona produce tensiones naturales y que debemos aprender a manejarlas como algo permanente de nuestra existencia.

Por todo ello, empecemos por decir que el trabajo sobre la mente es algo excepcional en el taekwondo porque quien ha practicado por unos cuantos años sabe que de allí se deriva una nueva capacidad de resistir físicamente, pero más aún, de soportar mentalmente las adversidades. Es una afirmación que puede pensarse bastante relativa, pero un buen combatiente de Taekwondo sabe que su primer enemigo, y, el más peligroso, es él mismo porque el miedo, la inseguridad y la falta de confianza en las propias capacidades derrotan a muchos buenos taekwondogas antes de iniciar cualquier prueba física o en el escenario psicológico.

La mente es entrenada poco a poco para hacerse mucho más firme y serena. Ella obliga al cuerpo y a las emociones a trabajar en la mejora del arte, pero en ese proceso, ella misma se disciplina porque comprende que sin trabajo constante, no se es un buen alumno ni un buen practicante. Ella puede llegar a ser vista como un instrumento que es utilizable y no como el caballo que puede desbocarse sin control.

Y así, la mente se va serenando paulatinamente, pero también, se vuelve mucho más sólida y flexible ante dificultades dentro de un combate o en una práctica. Algunos maestros han sido capaces de ayudar a sus alumnos a trabajar este aspecto de la mente; a que se puedan lograr puntos de equilibrios ante situaciones de complejo dominio como lo es un torneo o un intercambio de técnicas en el combate.

Sin embargo, en unos pocos años el taekwondoga está en capacidad de sopesar sus propios miedos y es consciente de que su trabajo es hacia adentro, hacia su mente y emociones, y así podrá enfrentar con firmeza los grandes retos que el arte marcial le pone en el camino y por extensión, le da herramientas para diversos espacios de su vida por fuera el Do Jang.

El surgimiento de la espiritualidad

Una vez el taekwondoga ha progresado en el manejo de su mente y en sus emociones, es deber y tarea de todo Maestro enseñar a sus adeptos principios del pensamiento taoísta, principalmente, el cual no se opone a ninguna forma religiosa o creencia especial. Por supuesto, el budismo también hace parte del acervo cultural coreano y es deseable su estudio al tiempo con el Taoísmo.

Los principios contenidos en estas dos formas de pensamiento del extremo oriente deben ser estudiados detenidamente porque son el compendio y síntesis de la sabiduría que numerosos Maestros han fijado en textos como el Tao Te King y la doctrina del Buda en sus Cuatro nobles verdades y el óctuple camino. Es por ello que tenemos publicado un enlace que lleva a escuchar en audio libro el Tao Te King.

En esa misma línea de ideas, es importante que los practicantes entiendan que la cultura coreana ha utilizado la meditación y múltiples prácticas que conducen a lo que se conoce como la contemplación de la naturaleza y de la vida cotidiana como la escena de un hermoso milagro. En Corea subsisten monasterios de órdenes monásticas en los cuales se recluían personas que sentían el llamado de la contemplación y la iluminación la cual se basaba en la fusión del espíritu del monje con el Tao. No entraremos a describir sus trabajos, pero sí diremos que estas personas practicaban artes marciales como actividad para mantener la mente en calma y alejada de pensamientos perniciosos.

Por ello, es importante que desde estos propósitos los taekwondogas aprendan diferentes técnicas de meditación y penetren en la cultura coreana. 

Corea del Sur ha sido taoísta y budista por muchos siglos, de tal forma que el Taekwondo se extrae para occidente de esas formas culturales que contienen muchísimos principios formativos que ayudan al alumno a trabajar en muchos estadios de su pensamiento. Es en ese contexto que debemos trabajar porque debemos reinsertar el arte a su medio original para evitar vulgarizarla.

Lo que le ha ocurrido al Taekwondo es justamente que muy pocos practicantes de hoy dedican tiempo a entender estas cosas y promover un análisis de los principios sociales y culturales que movieron a Corea durante los siglos de su existencia, que son muchos, y de tratar de entender lo que son y lo que han sido. 

El control del pensamiento para una nueva espiritualidad

Observemos por un momento el importante principio de que las personas son lo que piensan porque del pensamiento se genera la emoción y de la emoción, la acción. Así que cuando educamos al pensamiento, todo lo demás se deriva de allí.

Es así como alimentando el pensamiento con las hermosas ideas y enseñanzas del taoísmo y budismo coreanos lograremos un hermoso y fértil terreno en el cual desarrollamos una nueva espiritualidad, la que viene de la inmemorial búsqueda de los coreanos por la paz y la plenitud, que contrasta con la idea de la búsqueda de la felicidad en occidente que es muy diferente y se enfoca en la satisfacción de los sentidos.

El Maestro debe enseñar al practicante de Taekwondo que la paz interior y el silencio de la mente son el verdadero objetivo del arte marcial. El taekwondoga trabaja en su propia plenitud la cual viene del dominio de la mente y de los sentidos: el taekwondoga usa su mente, no a la inversa y puede llegar a ser capaz de apartarla para trabajar en la meditación y vivir en medio de la meditación de forma permanente.

El Taekwondo es paz y plenitud, reiteramos, es la búsqueda de la permanencia, de la contemplación de lo fijo y lo estable en medio de un mundo dinámico y cambiante, de la identificación de los valores milenarios coreanos de los que hablaremos en otros escritos que son inmutables pero cuya percepción es cambiante en relación con la experiencia del eterno presente.

Sin la búsqueda de la espiritualidad, el Taekwondo puede ser un deporte sin ninguna otra connotación más allá de las formas físicas de su manifestación, pero estará desprovisto de su verdadero origen, de su esencia, y dejará de ser un vehículo para conocer la cultura de la que viene, lo que es de verdad lamentable. Los coreanos son nuestros Maestros y su cultura, el modelo que progreso que podemos aprender para bien de una vida más venturosa en paz y plenitud.

Sin la idea de que el Taekwondo es un camino espiritual que subyace en su conocimiento, éste se hace algo vacío y sin sentido, una práctica sin un fin definido no mucho más allá del entrenamiento de la forma física. ¡¡Nuestro arte marcial es mucho más que solamente el cultivo del cuerpo!!

Han Moo Kwan trabaja en esa dirección, pues nuestros practicantes podrán comprender que somos un todo integral y que no podemos separar la forma física del trabajo con las emociones, la mente y en la búsqueda de una vida espiritual genuina y de resultados comprobables. 

Esto hace del Taekwondo una verdadera forma de vivir.