El hacer y el no hacer en el Tao

En la sabiduría coreana y en general, la que se ha sintetizado por siglos y mejor, por milenios en el mundo oriental, hay un acuerdo en su pensamiento que resulta muy difícil de captar para la mentalidad occidental: esto es, el concepto del NO HACER en el mundo del Tao y del Budismo.

En las enseñanzas Tao NADIE hace alguna cosa porque no hay un quién ni una individualidad que sea real, o sea, que en el universo manifestado es el Tao quien ordena y dirige la marcha de los astros, pero también, la vida de cada ser vivo, desde la más microscópica ameba hasta el más complejo de todos los seres que es una persona.

Los monjes coreanos comprenden desde hace mucho que la humana personalidad es una colección de pensamientos fragmentados, muchas veces incoherentes y sin conexión entre sí que generan toda clase de pasiones y emociones incontrolables. Ellos, los monjes, trabajan en lograr el silencio (de la mente especialmente, la armonía y la perpetua paz. Los monasterios y Templos coreanos son lugares que un taekwondoga debe visitar una vez en su vida porque allí es mucho más fácil comprender lo contenido en este pequeño escrito.

Por ello, en las artes marciales coreanas y chinas el practicante es el filósofo de la NADA, del NO HACER, del NO INTERVENIR en el devenir de la naturaleza sin dejar de ser él mismo parte de ella sin opinar, sin juzgar, sin suponer, en el silencio de la mente humana... Su entrenamiento tiene que ver justamente con dejar fluir la vida y la naturaleza a través de él, incluso, el arte marcial que practica. En ese sentido, son seres que trabajan por integrar su pensamiento a la NADA y a NADIE que es el Tao para que las cosas ocurran sin ninguna clase de oposición a Él.

El arte marcial, el Taekwondo, es propiedad del Tao y con ella enseña su existencia.

En los monasterios coreanos que siguen el Tao, las personas que se retiran voluntariamente para internarse en ellos lo hacen con la idea de desprenderse de la ilusoria personalidad y lograr contemplar de forma directa el Tao, sin las interrupciones propias de la charla mental habitual y del ego materialista en una profunda y perpetua meditación.

El objeto del retiro, alrededor de lo cual se trata de lograr la mayor desconexión con este mundo material, es volverse uno con el Tao, con aquello indescriptible en palabras y/o conceptos emitidos por el ser humano. Incluso, la búsqueda de la conexión se hace a través de la contemplación de lo manifestado, o sea, de la creación emitida por el Gran Absoluto para que la esencia de lo invisible toque al monje con la sutil comprensión del Ser Real, cuyo nombre los monjes coreanos no intentan descubrir por no haber esa palabra para Ello.

Los chinos y coreanos taoístas son pensadores del No Hacer, del dejar fluir y de la no oposición a la naturaleza propia y manifestada en este universo tangible y visible.

Para llegar a esta contemplación existe la meditación y el trabajo por abandonar las pasiones terrenales para que al desprenderse de ellas el Tao surja desde su interior en todas sus dimensiones. El paso que hay desde lo manifestado en lo humano hacia lo NO manifestado o Tao, es el puente en el que trabajan los monjes en todos sus rituales de iluminación interior. Y cuando alguien se ilumina deja ser alguien para ser el Tao, que ya no es una individualidad, o sea, nadie se ilumina porque en la esencia real de las personas, nadie existe sino el Tao.

Los Maestros Tao y de las verdaderas artes marciales, más allá del trabajo de la forma física, desde hace muchos siglos comprendieron que el equilibrio perfecto demostrado en una forma marcial es lo más parecido al equilibrio de la naturaleza en movimiento que es la manifestación del Gran Absoluto o el Tao. El trabajo en una forma marcial es la manifestación de aquello innombrable e intangible que ayuda al ser humano a encontrar dentro de sí la manifestación y la esencia del Tao.

Por ello, lo exterior de las artes marciales es tan solo un conjunto de movimientos que delimitan la proyección de la perfección del Tao en este plano espacio - tiempo. La inmersión en estas formas es una despersonalización que por instantes le muestra al practicante la indivisible conexión del ser humano con su Creador y que por la humana personalidad, o ego como le llamamos en occidente, no es posible vivenciar de forma más natural.

Las artes marciales, y entre ellas el Taekwondo, tienen todo ello inmerso en sus prácticas. Los buenos Maestros saben que una persona puede encontrarse con la Divina Integración al descubrir que nunca ha salido del seno del Tao y que además, su propio ser es tan sagrado como cualquier otro ser emanado del TODO que se conoce como Tao.

El Tao Te King lo enuncia cuando dice que lo inmanifestado y lo manifestado son parte de una misma entidad, de un solo ser, tan sagrado el uno como el otro porque son lo mismo. Uno revela al otro...

Así las cosas, el ser humano - artista marcial debe llegar a comprender que su estado ideal es aquel en el que se despersonaliza y logra comprender que es uno con el Tao desde siempre y dejar de hacer, dejar de resistir a la naturaleza, incluso a la suya propia.