La apariencia de “ser” en el Tao

La superación individual real que nos enuncia el Taekwondo en su simbología viene de una filosofía milenaria de la Gran Corea y tiene que ver con las enseñanzas que fueron concebidas y depositadas en los cuantiosos volúmenes que se guardan en algunos monasterios y en las modernas reproducciones de la literatura coreana ancestral.

En la lectura de su cultura encontramos una realidad que los monjes y sabios de esta antigua nación han estudiado a la par con sus pares de la antigua China pre comunista y tiene que ver con la conformación de la individualidad personal.

Esto es, que los seres humanos estamos encerrados y limitados en una estrecha y enredada maraña de herencias pasionales, emotivas y de laberintos de pensamiento que difícilmente se pueden deshacer sino a través de técnicas especiales que se han perfeccionado en los mencionados monasterios coreanos durante largos siglos.

Tanto en los centros religiosos budistas y taoístas se conocen estas técnicas que requiere de la Maestría de los sabios antiguos. Aún existen estos lugares milenarios que continúan en su tarea de iluminar a la humanidad y de compartir su conocimiento con quien tenga en verdad la voluntad recia y templada para dedicar la vida a estas cosas.

El Tao Te King indica que quien quiera conocer el Tao debe abandonar todas las pasiones terrenas, aquellas que mantienen a las personas presas de las ilusiones que produce el apego a los objetos y a lo que contiene este mundo.

Dice además que el Tao solamente se revela desde el interior de un ser humano en la más completa paz, como en la superficie de un limpio y cristalino lago en completa quietud por medio de "suaves susurros". Allí el Tao se anunciará a quien contempla sus secretos y logrará manifestarse en ese espacio íntimo.

Invitan estas prácticas a evitar a oponer resistencia a las transformaciones y mutaciones de la vida exterior en un concentrado pensamiento en el que solamente se medite en que el Tao es inmóvil, eterno y luminoso, sin embargo, que su manifestación es dinámica, móvil y tiene períodos de transformación.

En otras palabras, que no se debe oponer resistencia a la naturaleza propia y exterior porque el Tao tiene designios para cada cosa y no debe el ser humano importunar tal proceso de evolución de su ordenamiento en el medio natural que Él ha creado.

Los Maestros enseñan que el Tao verdadero solamente se puede conocer desde su propia esencia y realidad, esto es, que el ser humano debe despojarse de su idea de individualidad para acoger a la Gran Esencia infinita del Gran Ser que es la real equivalencia del Tao. Quiere decir que el Tao solamente es posible conocerlo como una Realidad en sí misma y que el ser humano no puede bajo ninguna circunstancia entender la complejidad y la sencillez que encierra, la inmensidad universal y sus minúsculas expresiones... En fin, que no hay palabras humanas que puedan de forma alguna describir o definir por conceptos humanos lo que es el Tao.

En el budismo se entiende que solamente en el Nirvana es posible conocer la realidad y que todo intento por definir lo que hay en dimensiones de consciencia trascendente a la realidad de esta Tierra es un intento absurdo y destinado al fracaso seguro. O sea, que el Buda existe en el mundo interior y que desde allí debe manifestarse luego de que el monje ha sido capaz de abandonar los apegos materiales y emocionales para trabajar por disolverse en la realidad trascendente que el Budismo no llama como Dios o con algún otro epíteto. Para el Budismo la Realidad Es y nada más.

Estos puntos de encuentro con un contexto trascendente es lo que se encierra en una práctica como el Taekwondo y que los sabios fundadores dejaron ahí plasmado para que quien tuviera una visión afinada pudiera ver y comprender.

Sin la idea de una trascendencia el Taekwondo es un deporte desprovisto de sus componentes espirituales verdaderos. Es un arte marcial heredera de las grandes tradiciones filosóficas y de otras artes coreanas, no sólo marciales, que impulsan al ser humano por un hermoso viaje hacia el mundo interior. Su objeto principal en estos términos es la iluminación interior del ser humano, ni más ni menos porque es un vehículo para viajar hacia el mundo íntimo humano desde donde emanó el Taekwondo como arte marcial con profundos componentes espirituales.

Desgraciadamente en occidente hemos abandonado todas estas cosas porque muchos practicantes nunca las aprendieron, pero esto no quiere decir que en el interior de los símbolos del Taekwondo no se contenga el pacto con el conocimiento y sabiduría ancestrales coreanas que hacen los practicantes más conscientes de este arte marcial.

Para ello, no será difícil ver en la utilización de la bandera de Corea del Sur ante la que se abre toda clase de Taekwondo. Indica el fondo blanco la existencia de Gran Ser que luego emana de sí mismo las dos grandes fuerzas universales Yin y Yang rodeadas de los trigramas que significan el funcionamiento de nuevas fuerzas universales que regulan todo lo que se manifiesta después.

Esto puede dar origen a un bellísimo estudio de la manifestación del Tao que se estudia mediante el I Ching, el famoso oráculo chino adoptado plenamente en la Corea milenaria.

Los nombres relativos de las figuras o poomses son referencia directa a todo ello. O sea, le indica al artista marcial que su formación estará completa cuando comprenda lo que todos estos símbolos le señalan de forma tan directa y evidente.

Sin embargo, es cierto que muy pocos estudiantes de Taekwondo dedican en su vida tiempo a la investigación y contacto real con las enseñanzas culturales que la vieja Corea le ha legado al mundo. La "moderna" simbología del Taekwondo fue diseñada por sus fundadores para ser un vehículo de los perfectos elementos que definen el alma coreana, su vida espiritual, sus proyecciones, su idea de la divinidad y la síntesis de su ser.

Sin la investigación que realmente nos lleve a esta comprensión, solamente tendremos un deporte olímpico (lo cual no es de poca monta, aclaramos) que no enseña más que defensa personal y el desarrollo de algunos valores externos con un olvido más que lamentable de lo que los fundadores quisieron enseñarle al mundo.

Es por ello que es de la mayor importancia señalar estos temas e invitar a nuestros lectores a iniciar sus propias averiguaciones para comprender que el Taekwondo no tiene absolutamente nada que envidiar en términos espirituales a ninguna otra arte marcial: es un precioso portal de la más increíble, antigua y genuina filosofía ancestral, reveladora de procesos que el ser humano de este siglo puede comprender y utilizar para su evolución.

Ojalá que así ocurra.